ENFERMEDAD DE PARKINSON (II)
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Desde que fue documentada por primera vez en 1861 por el doctor James Parkinson la investigación sobre sus causas y tratamientos ha sido exhaustiva a nivel mundial. Sin embargo, aún no hay un tratamiento curativo a día de hoy, pero sí de varios fármacos y procedimientos quirúrgicos que alivian los síntomas de la enfermedad como la rigidez muscular, el temblor o la lentitud motora.
La evolución, desde los primeros signos, es de 20 a 25 años. La esperanza de vida de quienes la padecen es la misma que la de cualquier otra persona, aunque disminuye la calidad de vida si los síntomas no son tratados a tiempo. Mucho dependerá del grado de afectación de cada paciente.
Lo primordial es el diagnóstico acertado. Como aún no hay pruebas específicas, un buen examen neuro-físico donde se observen movimientos reflejos es la prueba por excelencia. Un escaneo cerebral o resonancia magnética no son diagnósticas, pero sí aportan datos que marcan la diferencia con otras enfermedades que producen signos similares.
Las dosis y combinaciones de los fármacos serán de acuerdo a cada paciente y deberán ser controlados por su médico. La levodopa ha sido la que ha marcado la pauta en el tratamiento. Aunque causa algunos síntomas colaterales y con el tiempo parece disminuir su efectividad es aún el fármaco más efectivo, incluso en combinación con la carbidopa. La dosificación es tan específica como pacientes hay.
Sin embargo, se busca retrasar su prescripción hasta que sea necesario. Muchos especialistas recomiendan usar Selegidina o Amantadina en fases tempranas.
Dentro de los tratamientos quirúrgicos están la Palidotomía o destrucción del Globus pallidus, que mejora algunos síntomas, pero no de manera definitiva y hay riesgo de afectar otras habilidades, como la del habla. Los trasplantes de tejido fetal y de células diseñadas genéticamente son procedimientos con grandes expectativas, pocos resultados aún y, por supuesto, controversiales.
Lo último es la estimulación cerebral profunda a través de la implantación de unos electrodos en el Tálamo o en el Globus pallidus y que funcionan de forma similar a un marcapasos cardiaco pero que puede ser controlado por el propio paciente, similar a un interruptor de luz.
La actividad física es básica para la rehabilitación, con un buen protocolo los pacientes notarán mejoría en la rigidez y la estabilidad. Podrán mejorar la dicción y serán capaces de realizar actividades cotidianas con mayor habilidad. Existen ejercicios específicos para esta enfermedad: ejercicios 1, ejercicios 2.
Por: Reyna Arenas
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