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HIPERTENSIÓN ARTERIAL. EL ASESINO SILENCIOSO

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Escrito por Reyna Arenas hace 7 meses

HIPERTENSIÓN ARTERIAL. EL ASESINO SILENCIOSO

Una enfermedad crónica que la mayoría de las veces no presenta síntomas aparentes. Sin embargo, puede provocar desde un infarto hasta un derrame cerebral o ceguera. Podemos sentirnos muy bien y no saber que padecemos de hipertensión arterial (HTA).

En el 90% de los casos la causa es desconocida y se le llama “HTA esencial”. En el porcentaje restante existe una causa directa y entonces se le denomina “HTA secundaria”. 

La presión sanguínea es la fuerza intrínseca que provoca que la sangre circule y llegue a todos los órganos de nuestro cuerpo para nutrirlos y oxigenarlos. Cuando se mide esta fuerza se hace a través de milímetros de mercurio (mm/Hg) y generalmente se dan dos cifras v.g. 120/80.

La primera cifra se refiere a la presión sistólica y es la que reciben las arterias cuando el corazón se contrae y expulsa la sangre. La segunda, es la presión dentro de las arterias cuando el corazón se dilata y está en “reposo”.

La HTA puede afectar a cualquier persona, aunque existen factores que aumentan el riesgo, principalmente la herencia familiar, ser un hombre mayor de 40 años o una mujer de más de 50, aunque cualquier adulto mayor de 18 años puede estar en riesgo. Y por supuesto “los villanos de siempre”: vida sedentaria, estrés, tabaquismo,  alcohol en exceso, consumo excesivo de sal y el sobrepeso.

Nuestro corazón, cerebro y riñones son unos valientes, ya que son capaces de soportar un aumento de presión por mucho tiempo sin manifestar molestias o síntomas. Por eso es tan importante que cada vez que visitemos al médico, cualquiera que sea su especialidad o el motivo de la consulta, nos mida la presión arterial.

En caso de presentar síntomas, los más característicos son: dolor torácico, confusión, zumbidos, latidos cardiacos irregulares, hemorragia nasal, cansancio o cambios en la visión. Y podrían ser signos de una presión arterial peligrosamente alta.

Diagnosticada a tiempo en la mayoría de los casos puede ser controlada con medicamentos y cambios en el estilo de vida. Siempre deberá un ser un especialista quien dé el tratamiento y haga un seguimiento del mismo, ya que las dosis y frecuencias serán a la carta y de acuerdo con la respuesta del paciente.

Las enfermedades cardiovasculares son una fuerte carga social y económica dada su morbilidad, mortalidad y demanda de asistencia sanitaria. Tan sólo en España causan alrededor de 40,000 muertes al año.

El gobierno, la sanidad y las “mal queridas” farmacéuticas pueden hacer o no hacer lo necesario y éticamente correcto, sin embargo, los principales responsables de nuestra salud somos nosotros mismos. O ¿alguien tiene una opinión diferente?

Por: Reyna Arenas

 


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