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SCROOGE, GRINCH O UN “BLUES” DE LAS FIESTAS

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Escrito por Reyna Arenas hace 9 meses

SCROOGE, GRINCH O UN “BLUES” DE LAS FIESTAS

Una vuelta más al sol de este nuestro querido planeta. Que se ha ido entre si es o no influenza, si llegaron o no a acuerdos en Copenhague. Que si muchos están en el paro y que cuándo saldremos de la crisis. Mejor ahí lo dejamos porque sería el cuento de no terminar.

Después de todo “así es la vida” como una rueda, a veces arriba, otras abajo. Hoy nos toca reír y mañana llorar y no por eso pierde su encanto.

Vienen las fiestas y con ellas: ilusiones, planes y sueños para el próximo año. También un recuento de dónde estábamos hace doce meses y dónde estamos hoy. Nos piden alegría y compartir con la familia y amigos. Sin embargo, algunos, al más puro estilo de Scrooge, no se sienten felices.

¿Por qué diciembre debe ser siempre un tiempo de fiestas? ¿Hay que sentirse feliz sólo porque sí? Para algunas personas estas fechas serán tristes, tal vez porque perdieron a alguien que amaban, las cosas no fueron lo que esperaban o se enfrentaron a sí mismas y descubrieron algo que no les agrado.

Hay momentos en la vida en que la tristeza y la melancolía son nuestras compañeras, y al igual que los momentos de felicidad debemos vivirlas con intensidad y pasión. Porque después de que se van, hemos crecido y aprendido algo. Son parte vital de nuestra esencia de ser, de ser humanos.

Tal vez han pasado cosas que no os han gustado, que os han dejado mal sabor de boca. ¿Por qué? Porque así es. Si han perdido el paso y cayeron, pues a consolarse, levantarse y volved a caminar.

Llora si lo necesitas, que nada malo hay en eso. Así como nos invitan a compartir la alegría de las fiestas, también la tristeza, busquemos a nuestros verdaderos amigos que ellos nos comprenderán y harán de nuestro camino algo un poco más fácil.  Seamos agradecidos con la vida, porque aún en las malas siempre habrá alguien, conocido o extraño, con quien podamos compartir un buen momento. Y si no lo hubiera, ve a tu interior y dentro de ti mismo busca la serenidad.

Y aunque pueda ser un cliché “siempre hay un nuevo amanecer”. Ya no importa qué sucedió ni cómo fue. Dejemos de buscar culpables y encontremos soluciones. Aceptemos nuestra responsabilidad  y enfrentémoslo.  Si fue algo ajeno a nuestras manos, dejémoslo ir. Hay cosas que no podemos cambiar y debemos aceptarlo.

En compañía o en comunión con uno mismo, vivamos intensamente nuestras emociones,  nuestra tristeza o melancolía. A veces estamos en armonía con el mundo, otras no. Y no por eso nuestro sentir deja de ser valioso. En ocasiones vamos contra corriente y eso es la sal de la vida.

La línea entre llorar y reír es tan delgada que en cualquier momento podemos pasar de las lágrimas a una reconfortante risa e incluso una carcajada. No la desperdicies, esta vida que tienes, tal vez es tu única oportunidad ¡A por ella!

Por: Reyna Arenas.
 


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