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Fiebre amarilla: contagio, síntomas y tratamiento

Por Pablo Roca. 1 febrero 2016
Fiebre amarilla: contagio, síntomas y tratamiento

La fiebre amarilla es una enfermedad vírica transmitida por la picadura del mosquito Aedus aegypti, presente en Sudamérica y África subsahariana. Los síntomas aparecen a los pocos días después de la picadura y se caracteriza por la ictericia, por la cual se la conoce como fiebre amarilla. Los síntomas evolucionan con el tiempo y se clasifican en etapas según el progreso del virus, y van desde colores de cabeza y vómitos, a piel amarillenta e insuficiencia renal. La prevención mediante la vacunación es el mejor tratamiento contra la fiebre amarilla, puesto que una vez se tienen el virus, solo pueden aliviarse los síntomas. En este artículo te explicamos el contagio, síntomas y tratamiento de la fiebre amarilla.

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Contagio de la fiebre amarilla

La fiebre amarilla se transmite por la picadura de un mosquito infectado por el virus. Todas las personas pueden ser contagiadas de fiebre amarilla, pero aquellas de mayor edad tienen un riesgo más elevado de desarrollar el virus hasta el estado más grave. Según su contagio, podemos distinguir tres tipos según sus formas de transmisión:

  • Selvática. Afecta principalmente a los monos, el ser vivo más afectado por la picadura junto a los humanos. Tiene lugar en los bosques tropicales y los mosquitos contraen el virus al estar en contacto con estos animales infectados, pudiendo contagiar posteriormente a los humanos.
  • Intermedia. Contagio que provoca un brote de fiebre amarilla en diferentes poblaciones separadas entre ellas, causando muertes. En caso de no controlarse puede llegar a generar una epidemia, considerada de gravedad. Tiene lugar en las sabanas húmedas o semi-húmedas del continente africano.
  • Epidémica. El contagio se produce en zonas con una alta concentración urbana, derivando en grandes epidemias en las que las personas se contagian unas a otras fácilmente.
Fiebre amarilla: contagio, síntomas y tratamiento - Contagio de la fiebre amarilla

Síntomas de la fiebre amarilla

Cuando una persona contrae el virus y ha pasado el período de 3 o 6 días de incubación, la infección se desarrolla en una o dos fases. La fiebre amarilla puede confundirse con otras fiebres hemorrágicas como el virus zika o el dengue.

  • Primera fase. Se considera la fase aguda, en la que aparecen los primeros síntomas, como fiebre, cefaleas, escalofríos, pérdida del apetito, náuseas o vómitos y dolor en la espalda. Las personas afectadas suelen mejorar pasados 4 días, desapareciendo los síntomas.
  • Segunda fase. Solo un 15% de los contagiados por fiebre amarilla llegan hasta este estado. La fiebre aumenta y se producen daños en distintos órganos. Aparecen otros síntomas como ictericia, dolor abdominal, vómitos, además de hemorragias nasales, orales, oculares, gástricas y sangre en los vómitos, heces o insuficiencia renal. El 50% de los pacientes que se encuentran en esta fase mueren pasadas dos semanas, mientras que la otra mitad terminan recuperándose.

Los síntomas comunes de la fiebre amarilla son:

  • Fiebre.
  • Dolor de cabeza.
  • Delirios causados por la fiebre.
  • Ictericia. Piel y ojos amarillentos.
  • Hemorragias.
  • Arritmias. Latidos cardíacos irregulares.
  • Dolores musculares.
  • Vómitos y/o heces con sangre.
  • Contracciones de los músculos involuntarias.
Fiebre amarilla: contagio, síntomas y tratamiento - Síntomas de la fiebre amarilla

Tratamiento de la fiebre amarilla

Actualmente, no existe una cura para la fiebre amarilla. El objetivo a al hora de tratar a pacientes contagiados es el de controlar los síntomas mediante medicamentos que permitan combatir la fiebre y la deshidratación. Los antibióticos son administrados para controlar la bacteria que genera la infección. No obstante, muchas de las zonas afectadas no disponen de los recursos suficientes para hacerse con los medicamentos necesarios para el control de los síntomas.

Fiebre amarilla: contagio, síntomas y tratamiento - Tratamiento de la fiebre amarilla

Prevención de la fiebre amarilla

La prevención es uno de los factores más importantes a la hora de controlar la fiebre amarilla, siendo la vacunación y el control de los mosquitos las dos medidas con más relevancia.

La vacunación permite que el contagio de la fiebre amarilla no llegue a generar epidemias. Especialmente en las zonas donde existe un alto riesgo, inmunizar a la población es un factor de peso, por lo que se deben identificar los brotes con el fin de controlarlos lo más rápidamente posible. La medida más eficaz es la vacunación preventiva en la infancia, a través de campañas que permitan aumentar la cobertura en aquellos países más propensos a los brotes, así como aquellos personas que vayan a viajar a lugares que presenten un elevado riesgo de contagio. La vacuna contra la fiebre amarilla es efectiva y se consigue la inmunidad casi absoluta pasado un mes. No obstante, hay una serie de grupos que no deben vacunarse:

  • Menores de 9 meses.
  • Embarazadas, a excepción de cuando se produce brotes de fiebre amarilla.
  • Personas con alergias graves a las proteínas del huevo o aquellas con trastornos inmunodeficientes originados por SIDA u otras infecciones.

Por otro lado, el control de los mosquitos juega un papel muy importante en el período en que se espera a que la vacuna haga efecto. Eliminar los principales criaderos de mosquitos en zonas urbanas puede contribuir a reducir el riesgo de contagio, además de aplicar insecticida en las aguas. Por ello, controlar la presencia de mosquitos es fundamental para poder conseguir que la vacuna haga efecto y reducir el número de casos.

Fiebre amarilla: contagio, síntomas y tratamiento - Prevención de la fiebre amarilla

Este artículo es meramente informativo, en ONsalus.com no tenemos facultad para recetar tratamientos médicos ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a acudir a un médico en el caso de presentar cualquier tipo de condición o malestar.

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